El gusto por los vegetales: "Un reto que viene inserto en nuestros genes"

Jan 24, 2022
El primer determinante de la aceptación de los alimentos, es el sabor. ¿Lógico no? Pero esta afirmación va más allá del sentido común
 
Genéticamente estamos predeterminados a responder mejor ante los sabores dulces que a los amargos. Por otra parte, la biología juega protagonismo en algunas personas más que en otras. En las que existe una mayor sensibilidad a los sabores amargos y por lo tanto son, objetivamente, menos apetecibles para ellos.
Ahora entendemos mucho mejor porqué nuestro hijo (o incluso nosotros) acepta sin mayores reparos las frutas versus los benditos vegetales.
Sin embargo, la genética no lo es todo y la forma de responder ante los alimentos puede partir incluso antes de las primeras experiencias.
 
Los niños aprenden de los sabores mucho antes de lo que pensamos. La variedad de alimentos ingeridos por la madre cambia la composición química del líquido amniótico (Mennella & Trabulsi, 2012). Por tanto, nuestra propia ingesta durante el embarazo puede influir en las preferencias posteriores de nuestro hijo.
 
La lactancia materna es una fuente rica de variedad sensorial. Los niños alimentados con leche materna tienen mayores probabilidades de aceptar los cambios en los sabores de los alimentos. La leche cambia constantemente en sabor y composición, lo que la hace un puente perfecto hacia la posterior aceptación de las diferencias en los sabores.
 
“Pero mi hijo toma leche materna, y aún así no acepta los vegetales”
Tranquilos, Si nos fiáramos solo de las experiencias prenatales, de la genética o la lactancia estaríamos condenados a tener una dieta estrecha y restringida.
 
Existen periodos sensibles durante el desarrollo temprano donde el cerebro tiene mayor capacidad de responder y cambiar ante las experiencias del ambiente y así dar forma y función a los circuitos neuronales que determinarán una mayor aceptación de los alimentos.
 
El gusto por los vegetales no es innato, no viene con nosotros. Es aprendido.
Por lo tanto, nuestros niños tienen que aprender sobre los vegetales y nosotros brindar las oportunidades para ello. La exposición repetida (sin presión) facilita su aceptación en etapas posteriores.
 
La invitación es a valorar, primero que todo, la voluntad de tu hijo a explorar ese alimento (mirar, tocar, tirar, probar) más que a la cantidad ingerida.
No atribuyamos de manera arbitraria que sus expresiones faciales son sinónimos de que “no le gustó”. Recuerda que está aprendiendo de ellos, con ellos.
Varía en sabores, independiente del método que uses, no dudes en agregar condimentos y especias (niños con alergia alimentaria, consultar con especialista indicado).
Juega con la diversidad sensorial, incluso si se trata de un mismo alimento puedes hacer combinaciones de colores, presentaciones o formas.
En la variedad está el gusto. Ahora, este dicho, pega mejor que nunca.
 
Referencia
 
Mennella, JA y Trabulsi, JC (2012). Alimentos complementarios y experiencias de sabor: sentando las bases. Annals of Nutrition and Metabolism , 60 (SUP. 2), 40–50. https://doi.org/10.1159/000335337
 

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